
No descansa. ¿Duerme? Sí, pero, cuando se trata de él, el rocío nocturno penetra con fuerza la tierra hasta que se divisa el primer destello de luz.
No descansa. Las ideas fluyen, las decisiones emergen y los proyectos maduran. Así, del mismo modo que el perpetuo ciclo de la naturaleza, que fluye, emerge y madura.
Lo asaltó el Covid-19 –el bicho- y lo obligó a aislarse 14 días. Ni uno más. Los de ley, exclusivamente. Pasaron esas dos semanas ermitañas y dijo: “Vuelvo, no bajo los brazos”. Y volvió. Es hombre de palabra.
Y continuó con la frenética agenda que se autoimpuso allá por Octubre de 2015, cuando se supo ganador con el histórico 58,31%. Agenda del joven idealista empecinado en transformar su Provincia. Agenda que proclamó en aquel glorioso cierre de campaña en la Plaza de los Inmigrantes. Eso, inmigrantes, ¡la perfecta metáfora del tesón, laboriosidad y constancia del hombre que no descansa!
Es verdad, el manejo del tiempo es una virtud de Gerardo Rubén Morales. Andariego como pocos, su capacidad de previsión lo muestra en un sinnúmero de actividades desde la madrugada hasta muy entrada la noche.
Pero esa energía (viva, como se empeñó en calificar a Jujuy) no es la única causa de su no-descanso.
Su probado vigor físico tampoco es el único motivo que alienta su respiración, que anima sus pasos por cerro, valle, altiplano o selva.
Gerardo Morales no descansa porque persevera.
Se trata de una perseverancia a prueba de fuego. De aquel dedicado atleta que se entrena para llegar, y llega. De aquel boxeador que no se detiene en el golpe, sino que resiste hasta el último round.
De allí que el paso del tiempo sea un aliado incondicional de Gerardo Morales. Porque se necesita tenacidad para ver el corolario de la obra. Porque se necesita paciencia para llegar a la última página del libro, y además porque se necesita un corazón de oro para no desfallecer cuando la tempestad azota el barco.
Para muestra, basta un botón: Cauchari. De sueño, a realidad. De proyecto, a empresa tangible. De la crítica feroz opositora, al infame y bochornoso silencio de los cobardes “mariscales de las malas noticias”.
En este caso, no sólo la organización vence al tiempo; la persistencia vence al tiempo.
El nervio creador no se detiene.
Y el hombre, no descansa.
Las malas lenguas dicen que don Tiempo se impacienta cuando ve llegar a don Gerardo.
¿No puee sé?
Tiempo al tiempo.

Deja un comentario