
Con la llegada de Anastasia García, militante K de Jujuy, la Coordinación local de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena de la Nación, se ha convertido en un impúdico antro militante.
Tanto es así, que, por caso, sus redes sociales se reconvirtieron drásticamente: de ser un servicio para la agricultura local, se transformaron en ventanas abiertas a un activismo político montado en polémicos conflictos.
Muestra de ello son las publicaciones que justifican la usurpación de tierras en Palpalá, donde este organismo nacional denuncia «violencia», mientras avaló con su presencia el ataque a pedradas a los efectivos de la Policía de la Provincia, cuando se disponían a cumplir la orden judicial.
Esta inclinación a ser condescendiente con agrupaciones que buscan apoderarse de tierras ajenas, es sin dudas un giro de 180 grados que hoy exhibe el organismo nacional en Jujuy, que busca alentar enfrentamientos con objetivos -sin dudas- inconfesables.


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