Cada vez que el calendario judicial ofrece una hendija, algunos medios vuelven a ensayar el mismo libreto: Milagro Sala como víctima eterna, el Estado jujeño como villano y una supuesta épica de “libertad” que omite una década completa de hechos, condenas y transformaciones. La reciente nota de un medio históricamente “tupaquero” de Jujuy, que especula con la posibilidad de una libertad condicional, es parte de esa narrativa insistente que confunde derecho penal con militancia editorial.
Conviene ordenar los datos. Milagro Sala no está presa por opinar, ni por protestar, ni por ser “incómoda”. Está condenada en dos causas unificadas a 15 años de prisión, con sentencias firmes, por delitos que incluyeron defraudación al Estado, extorsión y asociación ilícita. El Código Penal prevé la libertad condicional bajo condiciones estrictas, pero no borra las condenas ni reescribe la historia. Presentar esa eventualidad como una “reparación” es, como mínimo, una tergiversación.
Lo más llamativo es el silencio selectivo. Los mismos medios que hoy fantasean con su salida callaron durante años frente a las víctimas de la organización que Sala condujo: cooperativistas disciplinados por la fuerza, vecinos sometidos a un sistema de premios y castigos, recursos públicos administrados sin control, un entramado paraestatal violento e impune que funcionó entre 2005 y 2015. No fue un error administrativo: fue un modelo de poder.
La pregunta de fondo no es jurídica, es política y social: si hoy saliera Milagro Sala, ¿tendría eco real en la sociedad jujeña para reconstruir aquel esquema? La respuesta, a la luz de los hechos, parece clara. Jujuy es otro. Hay instituciones que funcionan, obra pública con reglas, asistencia social sin intermediarios coercitivos, control del gasto y paz social. Hay problemas –muchos-, pero no hay lugar para un Estado paralelo. La sociedad que toleró aquel desorden aprendió, a un costo altísimo, que la violencia y la extorsión no son inclusión.
¿Por qué entonces algunos siguen soñando con su “regreso”? Porque confunden militancia con nostalgia y justicia con relato. Porque necesitan un símbolo que explique la pérdida de un poder que ya no tienen. Y porque ciertos medios, financiados y alineados durante años, no hicieron nunca la autocrítica por haber encubierto abusos mientras comían asados, recibían pauta y celebraban consignas.
Si hoy saliera Milagro Sala, se encontraría con un Jujuy distinto: menos tolerante a la impunidad, más exigente con el uso de los recursos públicos y con memoria. La justicia no es revancha, pero tampoco amnesia. Y la libertad condicional, si alguna vez llega, no reescribe los daños causados ni garantiza liderazgo. A lo sumo, confirma que el Estado de Derecho -el mismo que Sala despreció- sigue funcionando.


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