La resolución firmada por Aníbal Fernández y otros dirigentes nacionales alineados con el núcleo duro del kirchnerismo desató un terremoto político dentro del peronismo jujeño. La decisión, avanza en el disciplinamiento y la marginación de los principales sectores que hoy integran el PJ local, con un objetivo tan explícito como controvertido: forzar la conducción partidaria para instalar a Leila Chaer como presidenta del partido.

La jugada impacta de lleno en el entramado histórico del peronismo provincial. En la lista de damnificados aparecen referentes de peso y de trayectoria diversa: Rubén Rivarola, Carolina Moisés, Guillermo Jenefes, Martín Fellner y otros espacios que, con matices, han sostenido una identidad peronista no subordinada al kirchnerismo. Todos quedan ahora bajo sospecha, presión o directamente al borde de la expulsión política.
Una “depuración ideológica” en marcha
El mensaje es claro: o se es kirchnerista, o se queda afuera. La resolución no busca ordenar al peronismo jujeño ni saldar internas, sino reconfigurarlo desde arriba, eliminando cualquier autonomía local y alineándolo de manera vertical con una conducción nacional que aún responde a Cristina Fernández de Kirchner, presa por enriquecimiento ilícito.
En ese esquema, Leila Chaer, ex diputada nacional y principal referente de La Cámpora en Jujuy, aparece como la beneficiaria directa. Su eventual llegada a la presidencia del PJ no sería el resultado de una construcción territorial ni de un consenso interno, sino de una imposición externa, apoyada en resoluciones administrativas y presión política.
Lejos de fortalecer al PJ, la maniobra profundiza una crisis estructural. El fellnerismo residual, el rivarolismo, el jenefismo y el moisesismo -con todas sus diferencias- comparten ahora un mismo diagnóstico: el partido está siendo vaciado de pluralidad para convertirse en una sucursal del kirchnerismo.
El dato no es menor en un contexto nacional adverso para ese espacio político. Mientras el kirchnerismo pierde elecciones, representación y centralidad en gran parte del país, en Jujuy apuesta a cerrar filas, expulsar disidencias y endurecer posiciones, aun a costa de romper el partido.
Una apuesta a contramano de la realidad
El resultado previsible es un PJ debilitado, sin anclaje territorial amplio y cada vez más alejado de la sociedad jujeña. En lugar de reconstruir una alternativa competitiva, la conducción nacional parece optar por un peronismo chico, ideológicamente homogéneo y políticamente dependiente.
La resolución no ordena: divide. No amplía: excluye. Y congela al peronismo jujeño en una interna que responde más a disputas del pasado que a los desafíos del presente.
En ese escenario, la pregunta ya no es si Leila Chaer logrará quedarse con la presidencia del PJ, sino qué quedará del peronismo jujeño después de esta operación.

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