El reciente comunicado difundido por el diputado provincial Martín Fellner sobre el proyecto denominado “Narcotest” no apunta tanto a mejorar los estándares de transparencia institucional como a instalar, de manera artificiosa, una sospecha política sobre el oficialismo jujeño. Los hechos, en este caso, no acompañan el relato.

El proyecto de ley de Exámenes Toxicológicos Obligatorios para Autoridades y Funcionarios Públicos de la Provincia de Jujuy fue presentado el 19 de septiembre de 2025 a las 12:04, bajo el expediente 557-DP-25. Desde entonces, no fue rechazado, como afirma Fellner, sino que nunca llegó a tratarse, una diferencia sustancial que el comunicado omite deliberadamente.
En la Legislatura jujeña, como en cualquier parlamento, un proyecto sólo puede llegar al recinto si antes es girado y dictaminado por las comisiones correspondientes. En este caso, al menos la Comisión de Salud y la Comisión de Legislación General. Ese paso nunca se produjo. Por lo tanto, hablar de “rechazo” no sólo es inexacto: es directamente falso.
Transparencia: lo que se dice y lo que se hace
El planteo de Martín, hijo del ex gobernador Eduardo Fellner, intenta construir la idea de que el oficialismo jujeño se opone a los controles o busca ocultar algo. Sin embargo, ha chocado con una realidad institucional concreta: la actual gestión provincial es una de las que más avanzó en materia de transparencia en la historia reciente de Jujuy.
Según información puntualmente documentada, bajo el gobierno de Gerardo Morales –continuado por Carlos Sadir– se creó la Oficina Anticorrupción, se estableció la obligatoriedad de presentar declaraciones juradas patrimoniales, y -dato clave- esas declaraciones son públicas, digitales y de acceso inmediato. Nada que ver con el sistema anterior, donde los funcionarios presentaban sobres cerrados que quedaban archivados sin control real, muchas veces hasta después de abandonar la función pública.
En ese contexto, resulta difícil sostener que exista una negativa estructural a los mecanismos de control, cuando justamente se desmontaron prácticas opacas heredadas de gestiones anteriores. Más precisamente, de la gestión de Fellner (1998-2007 y 2011-2015).
Salta, el DNU y la simplificación interesada
Martín Fellner comparó la situación jujeña con la decisión del gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, quien implementó el narcotest mediante un DNU. La comparación, sin embargo, es tramposa: un decreto del Poder Ejecutivo no es equiparable a un proyecto de ley provincial que requiere tratamiento legislativo, comisiones, dictámenes y consensos.
Además, la medida salteña se tomó en un contexto político e institucional distinto, algo que el comunicado prefiere ignorar para sostener un título efectista.
Una operación en clave de supervivencia política
El trasfondo político del planteo es imposible de soslayar. Como se dijo, Fellner no sólo es diputado provincial: es hijo del exgobernador Eduardo Fellner, una figura central del peronismo jujeño durante casi dos décadas. Hoy, ese espacio atraviesa una de sus crisis más profundas.
En las últimas semanas, Fellner hijo -junto a más de 400 dirigentes y afiliados de peso- fue expulsado del Partido Justicialista jujeño, en una decisión que sacudió al fellnerismo residual, al rivarolismo, al jenefismo y al sector que responde a Carolina Moisés. Ese terremoto interno explica, en buena medida, la necesidad de reinstalarse en la agenda pública mediante un tema sensible y de alto impacto simbólico.
No es casual que, en medio de una crisis partidaria sin precedentes, el foco se desplace hacia una supuesta falta de transparencia del oficialismo, aun cuando los datos objetivos indiquen lo contrario.
Arma de oportunismo coyuntural
El narcotest puede ser una herramienta válida si se discute con seriedad, rigor técnico y encuadre institucional. Pero utilizarlo como arma antojadiza, tergiversando procedimientos legislativos y sugiriendo complicidades inexistentes, vacía de contenido el debate y lo transforma en una maniobra de posicionamiento personal.
Más que denunciar un rechazo que nunca existió, quizá el desafío de Fellner pase hoy por ordenar su propio espacio político, golpeado por internas, expulsiones y pérdida de referencia social. Porque cuando la política se reduce a titulares ruidosos, la transparencia deja de ser un objetivo y se convierte apenas en un eslogan.

Deja un comentario