Basta de odiar a Jujuy: racismo, desprecio y desconocimiento del norte argentino

En las últimas horas, a partir de la circulación de un video en redes sociales, se desató una catarata de comentarios discriminatorios, racistas y violentos contra Jujuy y otras provincias del norte argentino, provenientes de cuentas autodefinidas como libertarias. No se trata de opiniones aisladas ni de simples exabruptos: es un discurso sistemático que estigmatiza, degrada y deshumaniza a una parte del país, asociándola con la suciedad, el atraso, la marginalidad y lo “extranjero”.

El odio libertario hacia Jujuy, en la red social X.

“Jujuy es Bolivia”, “hyy que hacer mierda Jujuy”, “son bolitas”, “no son argentinos”, son apenas algunas de las frases que circulan sin pudor, muchas veces aplaudidas y replicadas. Ese lenguaje no es inocente; es el mismo que históricamente precedió a la exclusión, al abandono estatal y a la violencia simbólica -y no tan simbólica- contra pueblos enteros.

Jujuy no es el problema: es parte fundacional de la Argentina

Conviene recordarlo, porque pareciera que algunos lo olvidaron -o nunca lo aprendieron-: sin Jujuy no hay Argentina.
En esta tierra se derramó sangre en las guerras de la Independencia. Aquí se realizó el Éxodo Jujeño, uno de los mayores sacrificios colectivos de nuestra historia nacional. Desde el Norte se defendió la frontera, se sostuvo al Ejército del Norte y se pagó, con hambre y muerte, el precio de una Nación libre.

Mientras otros territorios miraban hacia Europa, el Norte sostuvo la Patria.

Datos, no prejuicios

Lejos del retrato miserable que intentan imponer algunos trolls con bandera libertaria, Jujuy exhibe hoy indicadores concretos de desarrollo:

  • Es líder nacional en energía solar, con el complejo Cauchari inyectando energía limpia al sistema interconectado argentino.
  • Es referencia en minería responsable, con litio, metales y proyectos productivos que generan empleo y divisas.
  • Se consolidó como destino turístico estratégico, con crecimiento sostenido en ocupación hotelera, eventos deportivos nacionales, Ruta del Vino de Altura y el Tren Solar de la Quebrada.
  • Tiene uno de los índices de orden fiscal más sólidos del país, sin endeudamientos irresponsables ni colapsos institucionales.
  • Sostiene políticas públicas de salud, educación y seguridad en un contexto nacional de fuerte ajuste del Estado.

Eso no es atraso. Es gestión, planificación, futuro.

El odio como identidad política

Lo más grave no es el insulto, sino la matriz ideológica que lo alimenta. El desprecio hacia Jujuy y el Norte no es nuevo: responde a una vieja visión porteño-céntrica, racista y clasista que sólo acepta una Argentina “blanca”, “europea” y uniforme.

Paradójicamente, quienes acusan de “barbarie” a provincias enteras callan frente a los espectáculos grotescos, degradantes y patéticos que su propio líder promueve, incluso en escenarios públicos. El problema no es el folklore, la identidad o el color de piel: el problema es el odio al que no encaja en su fantasía de país.

Jujuy no se disculpa por ser Jujuy

Jujuy no va a pedir perdón por su historia, por su cultura ni por su gente.
No va a aceptar que la insulten desde cuentas anónimas ni desde discursos que, bajo la máscara de la libertad, promueven la exclusión y el desprecio.

La Argentina no se construyó negando al Norte, sino con el Norte adentro.
Y si hay algo verdaderamente antinacional, no es Jujuy: es el odio a Jujuy.

Ya es hora de decirlo con todas las letras.

A continuación, el «vómito» virtual contra Jujuy:

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