Que un medio histórico de Salta publique un editorial reconociendo el desplazamiento de la centralidad turística en el NOA no es un dato menor. Es, en términos políticos y económicos, una confirmación externa de un proceso que en Jujuy comenzó hace más de diez años: dejar de ser “destino complementario” para convertirse en motor de la región. Lo que durante décadas fue “Salta y el resto”, hoy es un escenario donde Jujuy lidera en ocupación, impacto económico y atractivos paisajísticos y culturales.

Los números son contundentes. En enero de 2026, Jujuy encabezó la ocupación hotelera del Norte argentino, con picos del 88% en la Quebrada de Humahuaca. Durante el Carnaval, la provincia registró ocupación prácticamente plena en múltiples localidades (superó el 95% en promedio con pico del 98,9% en Tilcara), más de 130 mil pernoctes y un impacto económico superior a los 16 mil millones de pesos. No se trata de una buena temporada aislada; es una tendencia consolidada.
Este cambio no es casual ni espontáneo. Tiene nombre y tiene planificación. Fue durante la gestión de Gerardo Morales cuando Jujuy decidió transformar su matriz turística con una visión integral: infraestructura estratégica, inversión en cultura como motor económico, recuperación patrimonial y articulación con el sector privado. ¿Quién no recuerda, por caso, los subsidios otorgados a restaurantes y comercios que fueron afectados por el acampe de Milagro Sala en Plaza Belgrano o los protocolos durante la pandemia para que no caiga el sector gastronómico local? Morales entendió que el turismo no era un evento de temporada, sino una política pública de desarrollo productivo.
El Tren Solar de la Quebrada es quizás el símbolo más visible de esa decisión. No es solo un atractivo; es un dispositivo que ordena el flujo turístico, amplía el tiempo de estadía y genera derrame económico en cada estación y en cada localidad. A eso se suman hitos culturales como la Ciudad Cultural, el Cabildo restaurado, el Centro de Interpretación del Éxodo Jujeño y el próximo Centro Cultural Lola Mora, que posicionan a la provincia en un circuito de experiencias que exceden el paisaje.
La diferencia central radicó en el enfoque. Mientras otros destinos descansaron en una marca consolidada, Jujuy invirtió en competitividad, es decir conectividad aérea ampliada, mejoras viales, promoción internacional, integración a guías globales de astroturismo y una agenda cultural permanente que rompe la estacionalidad. El reconocimiento de Daniel Scioli al señalar que Jujuy fue la revelación turística de la temporada no fue una declaración diplomática; fue la constatación de una realidad económica.
Este modelo jujeño combinó identidad y modernización. El Carnaval dejó de ser solo tradición para convertirse en un evento con organización profesional, servicios reforzados, seguridad turística, campañas de promoción y coordinación interinstitucional. La Bajada de los Diablos en Uquía, el Jueves de Comadres, los Corsos capitalinos y el Carnaval de los Tekis no son hechos aislados, forman parte de una política que entiende que la cultura genera empleo.
A diferencia de épocas pasadas, hoy Jujuy no depende de excursiones de un día desde otras provincias. El visitante pernocta, consume, vuelve. El turismo dejó de ser tránsito y se convirtió en destino.
El editorial salteño habla de crisis estructural de competitividad. Jujuy, en cambio, exhibe resultados de planificación sostenida. Durante una década se construyó una red de infraestructura pública que permitió que el privado invirtiera con previsibilidad. Se generaron tecnicaturas en turismo, hotelería y gastronomía, se jerarquizó la oferta y se cuidó el entorno con programas ambientales en corredores viales.
Carlos Sadir, hoy al frente de la provincia, continúa esa línea estratégica iniciada en 2015, profundizando conectividad, ampliando eventos y consolidando la marca Jujuy como destino anual. Pero el punto de inflexión fue la decisión política de transformar la provincia cuando nadie imaginaba que podía disputarle liderazgo a la vecina más consolidada del Norte.
No se trata de competencia menor ni de comparaciones folclóricas. Se trata de los datos de la economía real. Cada punto de ocupación es empleo; cada evento es ingreso; cada inversión es desarrollo.
El reconocimiento implícito de Salta confirma algo que en Jujuy ya es parte del sentido común: el Norte argentino cambió de eje. Y ese giro tiene origen en una política pública clara, sostenida y estratégica que encontró en el turismo una herramienta de transformación. En un norte a seguir.
Nuestra provincia –que ya dejó de mirar de costado- hoy marca la agenda, cumpliendo con aquella antiquísima fórmula tradicional: “A Jujuy siempre se vuelve”.

Deja un comentario