Enero de 2026 la consagró como Revelación del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Pero mucho antes de pisar el escenario mayor del país, cuando apenas tenía 10 años, Wara Calpanchay ya cantaba ante miles de personas en uno de los actos políticos más recordados de la historia reciente jujeña.

Fue el 19 de noviembre de 2015, en el Monumento a los Héroes de la Independencia, en Humahuaca. El entonces candidato presidencial Mauricio Macri cerraba su campaña rumbo al balotaje en un acto multitudinario que reunió a unas cinco mil personas entre dirigentes, militantes y vecinos. La jornada tuvo clima de acontecimiento histórico. Gerardo Morales, ya gobernador electo tras obtener más del 58% de los votos en Jujuy, ofició de anfitrión y pronosticó el cambio político que se confirmaría días después en las urnas.
Antes de los discursos centrales, una niña de la comunidad de Susques subió al escenario. Pequeña, de voz cristalina y presencia serena, presentó su copla “Coplita del alma”. “Vientos de cambio se vienen por mi amada Argentina, a terminar con el odio que tanto nos lastima”, entonó con una afinación impecable. En medio de la canción, se presentó con dulzura: “Yo soy Warita, señores…”. Aquella escena, que muchos recuerdan con nitidez, revelaba ya una artista con identidad propia.
No fue un detalle menor. En un acto cargado de tensión política y expectativa nacional, la aparición de Wara aportó un momento de emoción genuina. Su voz no era solo afinada: era profunda, clara, conmovedora. Tenía esa mezcla rara de técnica natural e inocencia que solo poseen los talentos precoces. Más allá del contexto político, su actuación fue una afirmación cultural: una niña puneña cantando coplas ancestrales en un escenario nacional.
Hoy, con 21 años, Wara Calpanchay es una de las nuevas voces del folklore argentino. Su consagración en Cosquín no fue una casualidad ni una aparición repentina. Es el resultado de un recorrido que comenzó mucho antes, en escenarios locales, festivales regionales y actos multitudinarios donde ya demostraba una sensibilidad artística excepcional.
Aquel día en Humahuaca no fue un hecho político más en su historia personal. Fue una muestra temprana de que estaba preparada para grandes escenarios. Lo que entonces era la dulzura de una niña se transformó con los años en una voz madura, potente y representativa de nuestra cultura andina.
Para quienes estuvieron allí, el recuerdo permanece intacto: la niña de trenzas largas, mirada firme y voz emotiva cantando frente al Monumento a los Héroes de la Independencia. Para quienes no conocían esta historia, es una pieza más del rompecabezas que explica por qué hoy Wara Calpanchay no sorprende, confirma quién es.
Porque antes de Cosquín, antes de los grandes festivales y las giras, ya estaba esa voz. Ya estaba esa presencia. Ya estaba Wara. Warita.

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