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La feroz interna que divide al oficialismo jujeño suma un nuevo y preocupante capítulo que expone la fragilidad de la gestión de Carlos Sadir. Apenas unos días después de que el vicegobernador Alberto Bernis le marcara la cancha al Ejecutivo, advirtiendo que la Legislatura no aprobaría la pauta de gastos a libro cerrado y exigiendo que los ministros vayan al recinto a rendir cuentas, la respuesta de la Casa de Gobierno llegó en forma de evasiva. El ministro de Hacienda y Finanzas, Federico Cardozo, anunció públicamente que “va a haber una demora en la presentación del presupuesto”, una maniobra que dilata las explicaciones que exige la dirigencia y profundiza el choque directo entre ambos poderes.

Lejos de transmitir certidumbre institucional, el titular de la cartera económica justificó este sorpresivo retraso apelando a una excusa meramente administrativa. Según argumentó Cardozo, la parálisis responde al «hecho de que se está trabajando en el cambio del sistema de administración financiera que tiene la provincia desde el año 2000», lo que demanda la capacitación de los empleados para que la ejecución se realice bajo esa nueva plataforma.
Sin embargo, el propio funcionario admitió una alarmante falta de planificación al no poder dar precisiones sobre el monto global del presupuesto ni sobre las principales asignaciones, confesando de manera insólita que “todavía no tenemos información suministrada por los ministerios”. Semejante nivel de desconexión -según señalan voces legislativas- refleja a un Ejecutivo incapaz de coordinar a sus propias áreas para trazar el rumbo de la provincia.
Pero el desconcierto presupuestario no fue el único sinceramiento que desnudó la vulnerabilidad de la administración de Sadir. En declaraciones tan polémicas como reveladoras, Cardozo blanqueó la asfixia que atraviesan las arcas provinciales al confesar sin tapujos que “para pagar sueldos tuvimos que solicitar un descubierto al Banco Macro”.
Esta alarmante dependencia financiera y la evidente falta de liquidez cobran un peso aún más dramático tras la confirmación del ministro de que no se esperan aumentos de salarios para los próximos meses, consolidando un esquema de ajuste que el Gobierno aplica desde la apatía y la inacción.
Para coronar este panorama sombrío, el responsable de las finanzas provinciales optó por lavarse las manos respecto al pago de un bono de fin de año, una contención económica elemental en este contexto crítico. Con una excusa insólita, Cardozo señaló que el beneficio no está confirmado “porque hay gremios que dijeron que no están de acuerdo”, y pateó el problema hacia adelante indicando que se terminará resolviendo recién “en el mes de diciembre”.
Así, arrastrando demoras legislativas, admitiendo cajas vacías, atando los sueldos a descubiertos bancarios y usando excusas inverosímiles para no tomar decisiones, el Ejecutivo exhibe una orfandad de liderazgo que agrava el cisma oficialista y transforma la interna política en una crisis de gestión que ya castiga a todos los jujeños.
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