viernes de 16 octubre, 2026

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Verborragia suicida: tras salir acorralado de la Legislatura, Federico Posadas encendió el fuego de su propia hoguera

​Con una causa penal en puerta aprobada por unanimidad y el recinto ardiendo a sus espaldas, el ministro de Turismo salió a los pasillos y, en lugar del silencio táctico que exigía la crisis, cometió un sincericidio serial. Despreció a los legisladores, minimizó el déficit de empresas públicas, admitió la contratación de su esposa y se atrevió a digitar el armado electoral de 2027.

​En los manuales más elementales de la supervivencia política existe una regla no escrita: cuando el barco hace agua por los cuatro costados y la tripulación entera te acaba de votar una remisión directa a la fiscalía penal de turno, lo único sensato es callar, replegarse y medir cada milímetro de daño. Federico Posadas eligió el camino opuesto.

​Apenas traspasó las puertas del recinto tras una histórica e inédita interpelación de más de cuatro horas —donde los 45 diputados presentes, oficialistas y opositores, resolvieron por unanimidad girar las versiones taquigráficas a la Justicia por presuntos delitos en la administración pública—, el ministro de Cultura y Turismo se topó con un enjambre de micrófonos. Lejos de la cautela, pareció dominado por una compulsión incontenible. Como quien boquea buscando oxígeno sin advertir que está respirando humo, Posadas abrió la boca para justificarse y terminó de servirse en bandeja en la parrilla donde el propio sistema político jujeño ya comienza a cocinar su salida.

«​El desprecio a la Cámara: «A los diputados les cuesta entender los números»

​Si algo le faltaba a una jornada donde el jefe del bloque justicialista Rubén Rivarola lo había vapuleado por su «manifiesta soberbia», y donde el propio vicegobernador Alberto Bernis le había pasado factura por la filtración de encuestas truchas y sus guiños a La Libertad Avanza, era que el funcionario saliera a ningunear a los legisladores ante las cámaras.

​Posadas redujo la severidad institucional del recinto a meros berrinches de tribuna:

​»Creo que dentro, más allá de las chicanas, más allá de las cuestiones personales, más allá de las cuestiones por ahí que no tienen tanto que ver con la función, ha sido una buena interpelación.»

​No conforme con catalogar de «chicanas» las denuncias por contrataciones directas, licitaciones a medida y un agujero negro de más de 5.000 millones de pesos en torno al recital de La Renga, el ministro escaló en la condescendencia y trató a los diputados prácticamente de ignorantes:

​»Por ahí los diputados mezclaban lo que es el impacto de las regalías mineras con el impacto de un fin de semana y son cosas totalmente distintas (…). Como vemos, por ahí a los diputados les cuesta entender los números.»

​La frase, cargada de una autosuficiencia difícil de digerir en la antesala de tribunales, resonó con furia inmediata en los despachos de la Legislatura. Posadas no solo no leyó la gravedad del momento institucional; se colocó por encima del cuerpo que acababa de poner su destino en manos de fiscales penales.

​Sincericidio familiar: la admisión de contrataciones a su esposa

​Durante meses, el ministro y sus operadores intentaron desviar las versiones sobre privilegios y contratos a allegados. Sin embargo, en su maratón declarativa en los pasillos de la Casa de Piedra, Posadas blanqueó lo que hasta ese momento era sólo motivo de expediente:

​»Después sobre las contrataciones de familiares, otro ministerio en el año 2020 contrató a mi mujer, que este efectivamente fue así, fue lo único que se se pudo plantear en términos de alguna cuestión que obviamente normativamente está permitido, ya mi mujer no hace eventos para niños y no es contratada, fue el único evento dentro del cual fue contratado por parte de otro ministerio.»

​La ligereza con la que despachó el asunto dinamitó la poca defensa que el oficialismo intentaba ensayar puertas adentro. Para Posadas, el hecho de que Valentina Moisés haya cobrado fondos públicos no representa una falta ética elemental ni una colisión con la ley de ética pública; se escuda en que «lo hizo otro ministerio» y en que «ya no hace eventos para niños». La confesión a micrófono abierto dejó atónitos incluso a los diputados de su propio frente: la incompatibilidad moral no prescribe porque haya ocurrido hace tres años o porque el cheque haya salido de una ventanilla ministerial contigua.

​El festival del gasto público: «No conozco los números finitos, puede ser deficitario»

​Otro de los tramos más desconcertantes de su descargo fue la justificación de las inversiones y empresas provinciales. En medio de un clima social asfixiado por el ajuste y con sospechas explícitas sobre la cesión gratuita de predios y negocios millonarios para privados en Ciudad Cultural, Posadas exhibió un desapego administrativo alarmante.

​Al ser consultado sobre el costo y la rentabilidad de las apuestas turísticas del Estado, como el tren solar, lanzó:

​»Hay veces que hay empresas del Estado que se han armado que no necesariamente son superavitarias (…). Eso está pasando hoy con el tren solar, no conozco los números finitos, pero más allá de que pueda ser deficitario o haya costado una cantidad importante de recursos públicos provinciales… lo importante es el posicionamiento que ha logrado Jujuy.»

​Que un ministro de Estado admita con soltura que no conoce los números finitos de obras que costaron fortunas en fondos públicos y admita la posibilidad de que sean abiertamente deficitarias mientras la oposición le reclama balances que no cierran, para algunos oidos atentos raya en la negligencia explícita. El argumento del «derrame turístico» y el «efecto multiplicador» fue la cortina de humo con la que intentó relativizar la falta de rendición de cuentas.

​La osadía fatal: querer ser el armador electoral de Jujuy

​El tiro de gracia político no vino por los números del turismo ni por las carpas del Cabildo o del Lola Mora —donde aseguró con candidez que a los concesionarios «no los conoce personalmente»—. El pecado mortal de Posadas fue meterse en el barro de la rosca política mayor, un territorio donde nadie lo invitó a opinar y donde sus palabras dinamitaron cualquier posibilidad de tregua con el radicalismo gobernante.

​El ministro, cuya legitimidad territorial ya venía herida por los cuestionamientos constitucionales a su domicilio tras haber competido electoralmente en Salta en 2017, se exhibió como analista y estratega del poder jujeño:

​»Muchos por ahí ansiosos ponen el carro delante del caballo y me parece que lo más importante ahora es trabajar por los jujeños. Por ahí los años impares generan este problema de que lo electoral se pone por encima de todo y me parece que nos estamos adelantando. Más allá de que se ha planteado que las elecciones van a ser en el mes de mayo, lo importante es que cuando empecemos a entrar en el proceso electoral discutamos candidaturas, discutamos equipos, discutamos cuál es el futuro gobierno que queremos plantear dentro del oficialismo. Creo que hay un consenso generalizado que el candidato mejor posicionado es el gobernador. Nadie discute eso y en función de eso que él sea el que arma el equipo.»

​La audacia de Posadas encendió alarmas y enojos inmediatos en el seno del espacio. Meses antes, sus insinuaciones sobre una fórmula con dirigentes de La Libertad Avanza habían herido de muerte la convivencia con la estructura radical que lidera Alberto Bernis. Que ahora, acorralado y saliendo de una interpelación traumática, pretenda fijar parámetros electorales, ungir a Carlos Sadir desconociendo los equilibrios del frente y arrogarse el rol de vocero de las candidaturas ejecutivas, fue leído como una provocación intolerable.

​»A tiro de decreto»

​En una sola frase involuntariamente premonitoria, Posadas describió con brutal precisión su propia precariedad:

​»A los diputados los eligen por el voto popular, a nosotros nos eligen indirectamente a través de la nominación de un gobernador, estamos a tiro de decreto.»

​El ministro cosechó exactamente lo que sembró. Su incapacidad para medir los tiempos políticos, su criticada arrogancia frente al Poder Legislativo y esa necesidad patológica de hablar de más cuando el manual exigía silencio, lo dejaron en una soledad absoluta.

La Legislatura ya hizo su parte mandando sus papeles a los tribunales penales; pero con sus declaraciones en el hall central, Federico Posadas habría terminado de firmar su propia sentencia política.

La única incógnita que queda en los pasillos de la Casa de Gobierno no es si sobrevivirá a la tormenta, sino cuánto tiempo tardará en ejecutarse ese tiro de decreto que él mismo puso sobre la mesa.

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